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lunes, 3 de diciembre de 2012

23. MÁLVARY


Hola a tod@s!, os presento a la nueva integrante que sustituye a la antigua socia que tenía este número de ficha (InmaSonrisaDeCaramelo), y que desde hoy deja de ser parte de este club por razones que ya expliqué en esta entrada (hacer click aquí):


http://3.bp.blogspot.com/-q7VQdz15ew0/UlV0VpzJEOI/AAAAAAAABAw/k-dO4eqe_LM/s220/Arboles%2Blibro.jpg

MÁLVARY


En total tiene tres blogs, pero yo os mostraré dos de ellos: uno donde publica sus historias y poemas ("El Último Estante), y otro donde publica una blog-novela (Criaturas De La Noche):

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Criaturas de la Noche


Aquí os dejo el prólogo de su blog novela, y debajo, el link del primer capítulo:

Prólogo:

Hace trece mil años, existía una tierra donde mujeres, hombres y niños vivían con miedo de las peligrosas criaturas que vivían mas allá de los muros de sus ciudades. 

Nadie sabía con certeza como eran, los que las han visto no vivieron para contarlo. Por eso les tenían tanto miedo. Cada persona que saliera fuera de la protección de las murallas de sus ciudades, no regresaba. Se mandaron expediciones para encontrar alguna pista del rastro de aquellas personas desaparecidas, pero es como si nunca hubieran salido fuera de los muros. Los ciudadanos de aquellas tierras sabían que esas temibles criaturas habitaban en los bosques y en las ruinas de antiguas ciudades, pero también sabían que atacaban por las noches. No tenían miedo de atravesar los muros exteriores de las ciudades, las noches les daban fuerzas, por eso les llamaban las “Bestias de la Noche”. 

Pasaron meses y cada vez los ataques de las Bestias de la Noche eran menos frecuentes y los hombres de las ciudades aprendieron a combatir a las bestias: reforzando los muros, construyendo fosos llenos de picas donde si caías quedabas atravesado por numerosas picas de madera. Pero llegó un invierno, un invierno que todo el mundo pensaba que era un invierno cualquiera. No duró ni más ni menos que otro invierno; pero fue más frío y más oscuro que todos los demás inviernos que tuvieron desde hace siglos. Ese invierno las bestias procrearon con otras bestias, creando otras aun más fieras y temibles. Atacaban las ciudades penetrando en el muro exterior e interior de estas. Había días que eran como noches y entonces los ataques no tenían fin. Solo de día podían reforzar más los muros y construir habitaciones secretas y subterráneas para que las Bestias de la Noche no los encontraran. 

Ese invierno murió mas de la mitad de la población de cada ciudad, pero los que sobrevivieron consiguieron dejar escrito el feroz y terrible aspecto de aquellas criaturas. Había todo tipo de bestias: voladoras, marinas, mamíferos, reptiles... Criaturas con picos tan afilados como el mejor puñal que existía, mandíbulas con la fuerza de una ballena, bestias más grandes que un elefante y más altas que una jirafa; bestias encapuchadas que nadie sabia lo que escondían debajo, bestias parecidas a lobos, a perros, a caballos pero con dientes tan afilados como un tiburón... De entre todas aquellas criaturas destacaban una como la más temible y peor: el Caperucio Huargo. Una mezcla entre el Caperucio Rojo y el Lobo Huargo. El Caperucio Rojo se reconocía por la capa roja que lleva al cuello (de ahí su nombre), era una bestia encapuchada con apariencia de animal que se podía hacer pasar por la cosa que mas quisieras en el mundo para atacarte y matarte. El Lobo Huargo es más simple: es un lobo que proviene del norte, pero es mucho más grande, fuerte e inteligente que los lobos normales. Así la mezcla entre ambas especies destacaba al Caperucio Huargo como la peor bestia de todas ya que es un lobo Huargo encapuchado con la capa roja del Caperucio Rojo y con sus poderes.

De los pocos supervivientes que quedaron, algunos presenciaron los ataques de un Caperucio Huargo: como se dirigían a una persona y se transformaban en millones de monedas de oro, los mejores banquetes del mundo personas queridas perdidas o a ti mismo realizando tu sueño. Tal era la tentación que sin remediarlo te acercabas a comprobar si era cierto aquello que veias, entonces las monedas, el banquete, tu ser querido... Abría la boca, no importa donde estaba situada, pero abria la boca y se abalanzaba sobre ti, ya como Caperucio Rojo, impidiéndote escapar. Te despedazaba poco a poco haciéndote sufrir hasta que los gemidos y gritos de dolor dejaban paso al silencio de la muerte.